(Trasladando cachivaches viejos de cuando estaba caído el blog)
Tu ventana esta noche bañada de cielo es el universo que tengo de frente. El único hilo de luz que te baña la piel azulada y desnuda, te desdibuja y disemina eufórico, surgiendo entre latidos y espasmos para caer rendido ante la suave brisa que se cuela, allá en tu ventana.
Más allá de tu ventana las cosas pierden nombre, las noches tienen nuevamente ese color a melancolía y ausencia, también tienen color a vos. La luna decide caminar entera, reflejo de haces lanzados sin terminar de llegar. Al fondo de la cama, de tu brazo rodeada, te contemplo dormido y sonriente te lloro.
Te encierro en mi carne, me estiro y te visto con mi piel, te escondo en mi interior. Respirás de mí, bebés de mí, comés de mí. Te engullo, viajas en mis entrañas y te obligo a morderme y abrirme desde dentro. Te obligo a destrozarme mientras te digiero. Silencio, llega imprevisto y se queda.
La mirada fija en la ventana, tus ojos cerrados y tu cuerpo junto al mío, tu mano en mi pecho guardando tesoros. Yo sólo veo tu ventana y te vivo otra vez.





