El día amaneció helado. Fue una mañana, de esas de febrero, en las que bañarse temprano se convierte en un martirio tremendo. Como costumbre de fecha, estaba lloviendo. Bueno, no era exactamente una lluvia, sino una brisa ligera que no cesaría en todo el día.
La noche anterior había dormido demasiado; no sé porqué (por que y porqué me confunden, el resto no), pero siento que regresé dos años en mi vida con ese sueño. ¡Ah! Debo decir que en realidad no soñé nada, gracias a Dios, porque si soñara más seguido ya estaría loca de tantos rostros con ojos celestes y miradas intimidantes. No sólo sueño ojos, a veces voy al infierno y al cielo...
Como decía, amaneció lloviendo. La resaca del exceso de sueño me hizo despertar aún sonámbula y tardar unos minutos para regresar a mi cuerpo, abandonado en la cama.
Tenía el non-firme propósito de ir a laboratorio de mi madre, a ayudarle; sin embargo, en la mesa de noche estaba la computadora y una tarea inconclusa: la plantilla del blog.
Supuse que me tomaría poco tiempo escoger una decente, pero fue un error; yo soy muy indecisa. Luego de horas y horas eligiendo, dieron las 13 horas. Escogí una plantilla, a falta de una con menú flotante, no estático, a como creía que era.
Luego de seleccionar la plantilla vino otro problema: yo quería secciones. Después de batallas y batallas, arreglos aquí, descomposturas allá, terminé conformándome con la plantilla actual,con su menú estático y sus links a mis etiquetas.
Al tiempo que hacía todo esto, contaba mi terrible historia de plantillas en twitter, recibí ayuda y algo de asesoría. Gracias a Fitoria la barra de búsqueda sirve.
En twitter me pidieron un poema para pared... pero eso es algo que queda pendiente hasta que esté convencida de hacerlo. :)

0 huellas:
Publicar un comentario en la entrada